jueves, 8 de diciembre de 2011

Siéntese y cállese (O lo que es lo mismo: el Estado de derecho termina donde empieza mi autoritarismo)


A partir de que el viernes 25 de noviembre pasado, en nombre de 23 mil ciudadanos mexicanos que firmaron (principalmente por la vía cibernética) una demanda, el jurista Netzaí Sandoval entregó a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional un expediente en el que se acusa al presidente Felipe Calderón de crímenes de guerra y de lesa humanidad; la presidencia de la República emitió un desplegado en los diarios de mayor circulación, como respuesta inmediata a las imputaciones que le hacen estos 23 mil ciudadanos.
Por si usted no lo sabe, y para que no se quede con la duda, La Corte Penal Internacional (también llamada Tribunal Penal Internacional) es un tribunal de justicia internacional permanente cuya misión es juzgar a las personas acusadas de cometer crímenes de genocidio, de guerra y de lesa humanidad. (Esto alude a un crimen que, por su aberrante naturaleza, ofende, lesiona a la humanidad en su conjunto.) Tiene personalidad jurídica internacional, y no forma parte de las Naciones Unidas, aunque se relaciona con ella en los términos que señala el Estatuto de Roma, su norma fundacional. Tiene su sede en la ciudad de La Haya, en los Países Bajos, que es la tercera ciudad más grande de los Países Bajos, después de Ámsterdam y Róterdam.
Este tribunal internacional comenzó a funcionar en el año 2002.  México ratificó el Tratado Internacional que la creó en el año 2005 e incorporó su reconocimiento en el artículo 21 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Felipe Calderón, abre el comunicado con un sonoro rechazo a “las imputaciones falsas y calumniosas que un grupo de personas realizan” contra su persona por las desapariciones forzadas; por el reclutamiento de niños menores de 15 años como sicarios, por las ejecuciones extrajudiciales cometidas por soldados; así como por el secuestro, venta y esclavización de migrantes por parte de miembros del Instituto Nacional de Migración; entre otros delitos que, según dice el abogado Sandoval, están documentados.
Luego intenta dibujar un panorama, con trazo un tanto grueso al decir que la violencia de los grupos delincuenciales “afecta sensiblemente a las familias mexicanas”, y que ante el “clamor de ayuda expresado por los ciudadanos que sufren esta situación en algunas regiones y la petición expresa de sus autoridades estatales” se ha enviado apoyo –sin explicar de qué clase de apoyo exactamente se trata- y nos tranquiliza aseverando que se ha llevado a cabo “con estricto apego a la ley”.
En el siguiente párrafo pondera el quehacer de “las fuerzas Federales”, sin hacer explícito de qué fuerzas se trata: ejército, policía federal, PGR, o todas estas instituciones juntas; advierte que se han desempeñado sin menoscabar “las garantías individuales (ni) los derechos humanos de todas las personas”; y vienen a la memoria, dos botones para refutarlo, los estudiantes del Tec. de Monterrey asesinados al quedar en medio de un operativo del ejército y ser “confundidos” con los sicarios que eran objeto de tal operativo, en marzo de 2010; uno recuerda también a doña Ernestina Ascencio, anciana indígena de Zongolica, Veracruz, que –según lo afirmó apresuradamente Felipe Calderón, ya que no habían concluido las investigaciones, y luego lo suscribió el entonces presidente de la CNDH, José Luis Soberanes-, murió por una gastritis y no por una violación tumultuaria por parte de presuntos militares. Estos posicionamientos tan de prisa no hacen más que despertar la suspicacia de los mal pensados.
Se lamenta, sin embargo, de “los casos en los que desafortunadamente se ha tenido conocimiento de actos violatorios a los derechos humanos”; y subraya lo que hace un gobierno democrático “para preservar la ley y defender a las familias de los criminales” y uno no entiende si se trata de un solecismo, producto de su pluma inexperta o de una traición de eso que algunos llaman conciencia. De cualquier manera merece un análisis aparte, psicológico, tal vez. En fin.
Más abajo se congratula de que “ante la magnitud de la problemática generada por la acción criminal y en consideración al número de personas que han sido detenidas actuando al margen de la ley, estos casos han sido verdaderamente excepcionales”, como si treinta y tantos criminales “puestos a disposición de las autoridades” compensaran las más de 50 mil muertes; entre militares y civiles que van en este sexenio, es decir, un promedio de 10 mil muertes por año.
El comunicado no aporta verdaderos argumentos, sino que se basa en descalificaciones del tipo “las imputaciones falsas y calumniosas” aludiendo a los asertos del grupo demandante; en la parte central está plagado de autoelogios que enumeran acciones que si bien deben hacerse, la realidad nos muestra que de ningún modo han sido suficientes ni eficaces. Expresa, sin mencionar a nadie, “las voces más autorizadas en la materia” apoyan la labor del gobierno; pero baste echar un ojo a los diarios y constatar lo que dicen intelectuales y analistas contra la estrategia calderonista. Al final, después de colocarse del lado de los buenos, suelta la amenaza contenida “el Gobierno de la República explora todas las alternativas para proceder legalmente en contra de quienes las realizan en distintos foros e instancias nacionales e internacionales.” Evidentemente olvida o desconoce el Artículo 39. De nuestra Constitución que a la letra dice: La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno. Por tanto, me parece, aunque me gustaría estar seguro, que se quedará en bravata la amenaza presidencial, por nuestro bien, espero que así sea.

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